Daily Archives : miércoles, agosto 12, 2015

¿Qué nos lleva a ser infieles?

Queremos compartir con vosotros una temática que habitualmente nos plantean nuestros pacientes de nuestro centro de psicología en Gijón.

“Le ha vuelto a ser infiel”. ¿Cuántas veces habremos oído esta frase? No hay reunión de amigos, comidas o tardes de café donde de una u otra manera no se acabe hablando de este tema, tan antiguo como actual. En nuestro centro de psicología de Gijón llega el dato de que casi el 45% de las personas reconoce haber sido infiel alguna vez.

Probablemente no sea del todo acertado enumerar las razones que llevan a alguien a cometer una infidelidad igual que el que recita la plantilla de su equipo de fútbol, pero lo cierto es, que aunque los motivos sean variados y cada caso tenga componentes específicos, en las consultas se repiten una y otra vez las mismas razones.

El primer paso antes de analizar qué nos ha llevado a cometer una infidelidad, o más interesante aún, por qué nos han sido infieles, es establecer qué se considera una traición dentro de una pareja, porque a fin de cuentas, ese es el fondo de la cuestión, la traición a la confianza, pilar básico de cualquier relación sentimental. Ya lo dijo el psicólogo Sternberg en su teoría triangular del amor, tres son los elementos que lo componen: la intimidad, la pasión y el compromiso, y es precisamente este último el que más se resiente ante una infidelidad.

No cabe duda que las claves y los límites sobre los que se sustenta una pareja son cosa de dos, pero al margen de las peculiaridades, que las hay, existen verdaderas cláusulas que son universales, y mantener relaciones sexuales con otra persona, es casi a todos los ojos una de ellas.

Robert Weiss, uno de los psicoterapeutas estadounidense más reputado, ha publicado una lista con los motivos psicológicos, si es que pueden llamarse así, que subyacen a una infidelidad.

– A la base de todos ellos, reside una idea que nos ha perseguido desde los ancestrales de la historia; el ser humano nunca ha tenido la intención de ser monógamo. Independientemente de aceptar un compromiso o tomar la firme decisión de formar una familia, nunca se ha planteado tener una única pareja sexual.

– Otra de las razones, es tener la sensación de que nuestra pareja no nos da lo suficiente. Ni el suficiente amor, ni la suficiente dedicación ni el suficiente tiempo.

– Creer que el amor ha desaparecido. Un error habitual es que tendemos a no aceptar ni tampoco asumir, que en la parejas sanas a medida que pasa el tiempo, el amor inicial se va transformando en mayor compromiso, intimidad y confianza, y lo mismo pasa con la intensidad sexual y romántica, que no se dé de igual manera que los primeros meses, no significa que haya desaparecido.

– Existe un vacío emocional. Cuando la relación es insatisfactoria, tarde o temprano, uno de los miembros acabará siendo infiel. El sexo y también el romance, sirven para llenar ese vacío.

– Sabemos que nuestra relación ha terminado, pero necesitamos tener un sustituto. A veces lo hacemos incluso de manera inconsciente, pero lo cierto es que hace la ruptura más fácil.

– Nos ha invadido el aburrimiento. Es uno de los grandes enemigos de las relaciones y por lo general no nos han enseñado a tolerarlo, por lo que podemos acabar buscando esas sensaciones perdidas, en una nueva relación.

Psicólogos en Gijón

¿Bastan 66 días para cambiar un hábito?

La respuesta a esta pregunta reside en un concepto que cada día suena con más fuerza, la plasticidad cerebral. Cambiar de hábitos es posible gracias a esta capacidad de nuestro cerebro, que lo hace moldeable y nos permite aprender. Se va reconfigurando y adaptando, creando nuestro mapa cerebral. Pero tampoco nos engañemos, no vamos a levantarnos mañana siendo deportistas de élite, ni hablando ingles perfectamente; la actitud y la motivación juegan un papel clave en todo este proceso, gracias a nuestra experiencia en este tipo de terapias, en nuestro centro de psicólogos en Gijón te ayudaremos a cambiar de hábitos. Elegir un objetivo es el primer paso, después, la perseverancia y el propio interés por cambiar de costumbres ayuda al cerebro en este proceso de aprendizaje.

El origen del título del presente artículo se debe a un reciente estudio del autor Jane Wardle, del University College de Londres, que afirma que 66 días son suficientes para convertir una actividad en algo automático. Poner un límite temporal a este proceso aparentemente simple pero a la vez muy complejo es puramente anecdótico. No hay nada establecido en el variable mundo de los cambios de hábito, todo depende de las habilidades personales, variables psicológicas y de la propia personalidad. Analizar el coste-beneficio suele resultar muy útil a la vez que eficaz, porque, ¿qué son tres meses frente a toda una vida? Pero más que debatir el número de días, es una cuestión de voluntad, como todas las cosas que implican una transformación del tipo que sea.

El estudio va incluso más allá, y nos da unas claves para quitarnos esa espinita que siempre hemos tenido clavada, aprobar nuestra asignatura pendiente o incluso deshacernos de aquellas costumbres que tan poco nos gustan:

  1. Confecciona una lista. A partir de aquí prioriza y elige un objetivo, puede que muchas de las opciones sean tentadoras, pero antes de ponerte con varias a la vez, recuerda, no es posible abarcarlo todo.
  2. Reflexiona sobre la meta. ¿Qué quiero? ¿Por qué? ¿Para qué? Aclarar mentalmente estos puntos, y lo que es más importante aún, recordarlos, resulta clave en el proceso porque actúa como refuerzo.
  3. Hazle un espacio. Resérvale tiempo. Si no le buscas un hueco a aquello que no forma parte de tu vida acabarás postergándolo.
  4. Rodéate de todo lo necesario para alcanzar el objetivo deseado.
  5. Empieza ahora. El mejor día para empezar algo siempre es hoy.
  6. Sé disciplinado. Tomarse el hábito en serio, dedicarle nuestro valioso tiempo, convertirlo en una prioridad.
  7. Trasforma este nuevo hábito en tu filosofía de vida. Se trata de encajar algo nuevo en nuestra rutina diaria y así poder disfrutarlo, pero sin agobiarse ni martirizarse por no hacerlo un día. No olvides que la culpa es una emoción inútil, no hay que lamentarse porque en esto de los nuevos hábitos nunca es demasiado tarde. Antes de desistir recuerda: tenemos mañana, pasado, y toda la vida para poder practicarlo.

Centro de Psicología Clínica en Gijón

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