image Volver a empezar: Síndrome del nido vacío image Importancia de las Habilidades Sociales en los niños

¿Hasta donde hubieras llegado tú?

Psicólogos en Gijón.

Año 1963. Stanley Milgram, psicólogo norteamericano de la Universidad de Yale, quiso medir el nivel de obediencia de un sujeto ante una autoridad cuando sus órdenes le suponen un conflicto con su conciencia. Quiso comprobar hasta qué punto la influencia de dicha autoridad podía hacerle llevar a cabo acciones que su propia moral rechazaba.

Para el desarrollo del experimento  se hizo una captación de voluntarios a través de un cartel en las paradas de autobús de Florida a lo largo de la primavera de 1961. En él se hablaba de un “estudio de la memoria y el aprendizaje” que iba a tener lugar en Yale, ocultando la naturaleza real del mismo. Como la gran mayoría de experimentos, era remunerado: 4 dólares (equivalentes a unos 31.50 dólares de 2015) más dietas. Los participantes elegidos tenían entre 20 y 50 años, con niveles educativos variados y clases sociales diferentes.

Tres personas eran necesarias para la práctica de este experimento: Un experimentador, que ejerce como autoridad sobre la persona que se ha presentado voluntariamente. Un maestro, en esta caso los voluntarios, que deben realizar preguntas académicas al alumno y castigarle con descargas eléctricas dolorosas cada vez que falle una y por último, un alumno. Se trata de un actor, cómplice del investigador, que simulará dolor intenso con cada descarga recibida.

Al comienzo del experimento, y para aparentar una falsa naturalidad, se hace un sorteo amañado para determinar el rol de cada uno de los tres participantes. Los voluntarios captados son siempre “maestros”. Cuando empieza el experimento en una sala habilitada, el “alumno” es sentado y atado a una silla, y varios electrodos son colocados en su cuerpo. Para añadir más realismo, se le aplicaba una crema que evitaba las quemaduras. Al “maestro” se le comunica que las descargas eléctricas al alumno podrían llegar a ser muy dolorosas pero que nunca provocarían daños irreversibles.

Nada más empezar, el “alumno” recibía una descarga real de 45 voltios para que el “maestro” viese cómo todo era cierto y que la sensación de dolor era real. A continuación, se recitaban parejas de palabras que el alumno debía memorizar. Luego se leía sólo la primera y el alumno tenía que responder con la segunda. En caso de fallar, el maestro debía darle una descarga eléctrica de 15 voltios. Si volvía a fallar en otra pregunta, se aumentaba la siguiente descarga en otros 15 voltios. Así, hasta 30 niveles en total para llegar al máximo de 450 voltios.

Durante la mayor parte del experimento, muchos sujetos mostraron signos de tensión y angustia cuando escuchaban los alaridos en la habitación contigua que, aparentemente, eran provocados por las descargas eléctricas. Tres sujetos tuvieron “ataques largos e incontrolables” y si bien, la mayoría de los sujetos se sentían incómodos haciéndolo, los cuarenta sujetos obedecieron hasta los 300 voltios mientras que 25 de los 40 sujetos siguieron aplicando descargas hasta el nivel máximo de 450 voltios.

Esto revela que el 65% de los sujetos llegó hasta el final, incluso cuando en algunas grabaciones los alumnos se quejaba de tener problemas cardíacos.

A lo largo del experimento, y cuando el nivel de voltaje iba aumentando, algunos participantes pedían al experimentador marcharse. Cuando esto ocurría, éste, daba cuatro respuestas graduales: Continúe, por favor. Es necesario que continúe. Es completamente esencial que continúe. No tiene otra opción, debe continuar. Si tras la cuarta frase se negaba a seguir con el experimento, este se detenía.

Las conclusiones del experimento a las que llegó Milgram son las siguientes: Cuando el sujeto obedece los dictados de la autoridad, su conciencia deja de funcionar y se produce una abdicación de la responsabilidad. Los sujetos son más obedientes cuanto menos han contactado con la víctima y cuanto más lejos se hallan físicamente de ésta. A mayor proximidad con la autoridad, mayor obediencia. A mayor formación académica, menor intimidación produce la autoridad. Hombres y mujeres obedecen por igual. Las personas siempre tienen a justificar sus actos inexplicables.

Sus resultados demostraron que personas ordinarias, ante la orden de una figura con apenas un poco de autoridad, son capaces de actuar con crueldad. De esta manera la criminología ha logrado entender cómo algunos criminales que han cometido salvajes genocidios y ataques terroristas han desarrollado un nivel muy alto de obediencia a lo que ellos consideran autoridad.

Para aquellos que puedan pensarlo, lo voluntarios fueron evaluados psicológicamente y se descartó que tuvieran patología alguna. Este experimento ha marcado un antes y un después en la Psicología Social. Este experimento pone más que nunca en tela de juicio nuestra moralidad.

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