Monthly Archives : agosto 2015

¿Tengo que ir al psicólogo?

Cada día, miles de personas reciben tratamiento psicológico en España para atender a muy distintas situaciones y problemas. Acudir al psicólogo ha dejado de ser motivo de estigma social, algo vergonzoso que debe ser ocultado o incluso evitado. Lejos de aquellas concepciones más propias de sociedades atrasadas, o de limitado nivel cultural, la actual propagación de la información y el acceso casi libre a sus fuentes favorecida por los medios digitales han transformado esta percepción negativa.

 Desde hace unos años ya no es motivo de desdoro ni supone la asunción de ningún tipo de tara inhabilitante para la vida cotidiana o en comunidad, el hecho de acudir a recibir tratamiento psicológico, puntual o reiteradamente. Simplemente denota que existe una necesidad y que somos los suficientemente inteligentes para tratar de paliarla con la ayuda profesional competente. Otra cosa es la percepción o los prejuicios que pueden referirse al motivo o la patología que nos lleva efectivamente a la consulta del profesional. Pero lo importante es que el hecho en sí de acudir al psicólogo es algo que se percibe socialmente – y afortunadamente- como neutro, al igual que recurrir a los servicios de un fisioterapeuta.

En el Centro Psicológico Patricia Prendes, abordamos todas las terapias con la mayor naturalidad y adaptamos nuestros tratamientos a las investigaciones clínicas más recientes con resultados consolidados. No obstante, somos conscientes de que determinadas patologías o problemas psicológicos continúan siendo objeto de prejuicios o infundadas prevenciones hacia las personas que los padecen. Y más en el caso de entornos familiares o sociales cerrados. Es algo fácilmente constatable en el ejercicio profesional de un psicólogo en Gijón, una ciudad de mediano tamaño donde mucha gente se conoce, si quiera sea por refrencias – más allá del entorno familiar o laboral. Esa suerte de prejuicios suelen carecer de mala intención, por ser producto del desconocimiento y la proximidad y no deben preocuparnos. Más aún, teniendo en cuenta las rígidas normas que rigen el secreto profesional y el natural grado de discreción que preside las relaciones entre psicólogo y paciente. Por grave – o aparentemente nimio – que sea nuestro problema podemos estar seguros de que nunca trascenderá las paredes de la consulta, si no queremos que eso suceda.

Por otra parte, renunciar a alcanzar las mayores cotas en nuestro crecimiento personal, o peor aún, condenarse uno mismo a padecer insomnio, angustia, tristeza, ansiedad, preocupaciones o problemas aún más graves sin tratar de ponerles solución, por los motivos que sean, no parece lo más inteligente del mundo. Así que, en respuesta al título de este artículo, debe acudirse al psicólogo siempre que se necesite ¿y cuándo es eso? Nadie mejor que nosotros mismos para responder a esa pregunta.

Psicólogos en Gijón

 

 

¿Qué nos lleva a ser infieles?

Queremos compartir con vosotros una temática que habitualmente nos plantean nuestros pacientes de nuestro centro de psicología en Gijón.

“Le ha vuelto a ser infiel”. ¿Cuántas veces habremos oído esta frase? No hay reunión de amigos, comidas o tardes de café donde de una u otra manera no se acabe hablando de este tema, tan antiguo como actual. En nuestro centro de psicología de Gijón llega el dato de que casi el 45% de las personas reconoce haber sido infiel alguna vez.

Probablemente no sea del todo acertado enumerar las razones que llevan a alguien a cometer una infidelidad igual que el que recita la plantilla de su equipo de fútbol, pero lo cierto es, que aunque los motivos sean variados y cada caso tenga componentes específicos, en las consultas se repiten una y otra vez las mismas razones.

El primer paso antes de analizar qué nos ha llevado a cometer una infidelidad, o más interesante aún, por qué nos han sido infieles, es establecer qué se considera una traición dentro de una pareja, porque a fin de cuentas, ese es el fondo de la cuestión, la traición a la confianza, pilar básico de cualquier relación sentimental. Ya lo dijo el psicólogo Sternberg en su teoría triangular del amor, tres son los elementos que lo componen: la intimidad, la pasión y el compromiso, y es precisamente este último el que más se resiente ante una infidelidad.

No cabe duda que las claves y los límites sobre los que se sustenta una pareja son cosa de dos, pero al margen de las peculiaridades, que las hay, existen verdaderas cláusulas que son universales, y mantener relaciones sexuales con otra persona, es casi a todos los ojos una de ellas.

Robert Weiss, uno de los psicoterapeutas estadounidense más reputado, ha publicado una lista con los motivos psicológicos, si es que pueden llamarse así, que subyacen a una infidelidad.

– A la base de todos ellos, reside una idea que nos ha perseguido desde los ancestrales de la historia; el ser humano nunca ha tenido la intención de ser monógamo. Independientemente de aceptar un compromiso o tomar la firme decisión de formar una familia, nunca se ha planteado tener una única pareja sexual.

– Otra de las razones, es tener la sensación de que nuestra pareja no nos da lo suficiente. Ni el suficiente amor, ni la suficiente dedicación ni el suficiente tiempo.

– Creer que el amor ha desaparecido. Un error habitual es que tendemos a no aceptar ni tampoco asumir, que en la parejas sanas a medida que pasa el tiempo, el amor inicial se va transformando en mayor compromiso, intimidad y confianza, y lo mismo pasa con la intensidad sexual y romántica, que no se dé de igual manera que los primeros meses, no significa que haya desaparecido.

– Existe un vacío emocional. Cuando la relación es insatisfactoria, tarde o temprano, uno de los miembros acabará siendo infiel. El sexo y también el romance, sirven para llenar ese vacío.

– Sabemos que nuestra relación ha terminado, pero necesitamos tener un sustituto. A veces lo hacemos incluso de manera inconsciente, pero lo cierto es que hace la ruptura más fácil.

– Nos ha invadido el aburrimiento. Es uno de los grandes enemigos de las relaciones y por lo general no nos han enseñado a tolerarlo, por lo que podemos acabar buscando esas sensaciones perdidas, en una nueva relación.

Psicólogos en Gijón

¿Bastan 66 días para cambiar un hábito?

La respuesta a esta pregunta reside en un concepto que cada día suena con más fuerza, la plasticidad cerebral. Cambiar de hábitos es posible gracias a esta capacidad de nuestro cerebro, que lo hace moldeable y nos permite aprender. Se va reconfigurando y adaptando, creando nuestro mapa cerebral. Pero tampoco nos engañemos, no vamos a levantarnos mañana siendo deportistas de élite, ni hablando ingles perfectamente; la actitud y la motivación juegan un papel clave en todo este proceso, gracias a nuestra experiencia en este tipo de terapias, en nuestro centro de psicólogos en Gijón te ayudaremos a cambiar de hábitos. Elegir un objetivo es el primer paso, después, la perseverancia y el propio interés por cambiar de costumbres ayuda al cerebro en este proceso de aprendizaje.

El origen del título del presente artículo se debe a un reciente estudio del autor Jane Wardle, del University College de Londres, que afirma que 66 días son suficientes para convertir una actividad en algo automático. Poner un límite temporal a este proceso aparentemente simple pero a la vez muy complejo es puramente anecdótico. No hay nada establecido en el variable mundo de los cambios de hábito, todo depende de las habilidades personales, variables psicológicas y de la propia personalidad. Analizar el coste-beneficio suele resultar muy útil a la vez que eficaz, porque, ¿qué son tres meses frente a toda una vida? Pero más que debatir el número de días, es una cuestión de voluntad, como todas las cosas que implican una transformación del tipo que sea.

El estudio va incluso más allá, y nos da unas claves para quitarnos esa espinita que siempre hemos tenido clavada, aprobar nuestra asignatura pendiente o incluso deshacernos de aquellas costumbres que tan poco nos gustan:

  1. Confecciona una lista. A partir de aquí prioriza y elige un objetivo, puede que muchas de las opciones sean tentadoras, pero antes de ponerte con varias a la vez, recuerda, no es posible abarcarlo todo.
  2. Reflexiona sobre la meta. ¿Qué quiero? ¿Por qué? ¿Para qué? Aclarar mentalmente estos puntos, y lo que es más importante aún, recordarlos, resulta clave en el proceso porque actúa como refuerzo.
  3. Hazle un espacio. Resérvale tiempo. Si no le buscas un hueco a aquello que no forma parte de tu vida acabarás postergándolo.
  4. Rodéate de todo lo necesario para alcanzar el objetivo deseado.
  5. Empieza ahora. El mejor día para empezar algo siempre es hoy.
  6. Sé disciplinado. Tomarse el hábito en serio, dedicarle nuestro valioso tiempo, convertirlo en una prioridad.
  7. Trasforma este nuevo hábito en tu filosofía de vida. Se trata de encajar algo nuevo en nuestra rutina diaria y así poder disfrutarlo, pero sin agobiarse ni martirizarse por no hacerlo un día. No olvides que la culpa es una emoción inútil, no hay que lamentarse porque en esto de los nuevos hábitos nunca es demasiado tarde. Antes de desistir recuerda: tenemos mañana, pasado, y toda la vida para poder practicarlo.

Centro de Psicología Clínica en Gijón

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CENTRO DE PSICOLOGÍA
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