Cada día, miles de personas reciben tratamiento psicológico en España para atender a muy distintas situaciones y problemas. Acudir al psicólogo ha dejado de ser motivo de estigma social, algo vergonzoso que debe ser ocultado o incluso evitado. Lejos de aquellas concepciones más propias de sociedades atrasadas, o de limitado nivel cultural, la actual propagación de la información y el acceso casi libre a sus fuentes favorecida por los medios digitales han transformado esta percepción negativa.
Desde hace unos años ya no es motivo de desdoro ni supone la asunción de ningún tipo de tara inhabilitante para la vida cotidiana o en comunidad, el hecho de acudir a recibir tratamiento psicológico, puntual o reiteradamente. Simplemente denota que existe una necesidad y que somos los suficientemente inteligentes para tratar de paliarla con la ayuda profesional competente. Otra cosa es la percepción o los prejuicios que pueden referirse al motivo o la patología que nos lleva efectivamente a la consulta del profesional. Pero lo importante es que el hecho en sí de acudir al psicólogo es algo que se percibe socialmente – y afortunadamente- como neutro, al igual que recurrir a los servicios de un fisioterapeuta.
En el Centro Psicológico Patricia Prendes, abordamos todas las terapias con la mayor naturalidad y adaptamos nuestros tratamientos a las investigaciones clínicas más recientes con resultados consolidados. No obstante, somos conscientes de que determinadas patologías o problemas psicológicos continúan siendo objeto de prejuicios o infundadas prevenciones hacia las personas que los padecen. Y más en el caso de entornos familiares o sociales cerrados. Es algo fácilmente constatable en el ejercicio profesional de un psicólogo en Gijón, una ciudad de mediano tamaño donde mucha gente se conoce, si quiera sea por refrencias – más allá del entorno familiar o laboral. Esa suerte de prejuicios suelen carecer de mala intención, por ser producto del desconocimiento y la proximidad y no deben preocuparnos. Más aún, teniendo en cuenta las rígidas normas que rigen el secreto profesional y el natural grado de discreción que preside las relaciones entre psicólogo y paciente. Por grave – o aparentemente nimio – que sea nuestro problema podemos estar seguros de que nunca trascenderá las paredes de la consulta, si no queremos que eso suceda.
Por otra parte, renunciar a alcanzar las mayores cotas en nuestro crecimiento personal, o peor aún, condenarse uno mismo a padecer insomnio, angustia, tristeza, ansiedad, preocupaciones o problemas aún más graves sin tratar de ponerles solución, por los motivos que sean, no parece lo más inteligente del mundo. Así que, en respuesta al título de este artículo, debe acudirse al psicólogo siempre que se necesite ¿y cuándo es eso? Nadie mejor que nosotros mismos para responder a esa pregunta.
Leave a Reply