Desde los recientes atentados terroristas en París y dada su repercusión y casi permanente cobertura en los medios, son muchos los padres que nos han consultado acerca de la conveniencia de exponer o no a los niños de menor edad a ese tipo de informaciones y cómo responder a las preguntas que sobre ello les plantean.
Dependiendo lógicamente de las edades, la preocupación de los padres se centra en evitar que el impacto emocional producido en mayor o menor medida en el mundo adulto, se contagie a los niños. Se trataría de impedir así el contagio de una cierta psicosis del miedo, desde el mundo de los adultos al mundo infantil, al que se intentaría preservar incólume de toda influencia perturbadora. Dado que la finalidad de los terroristas ha sido, y es, precisamente, infundir miedo y sensación de inseguridad, no es de extrañar que los adultos nos veamos afectados por actos como los sucedidos y nos despierten pensamientos y emociones diversas que van desde la rabia y la ira, al temor o a la cuasi indiferencia debida a la sobreexposición mediática.
Es cierto que la amenaza parecería casi circunscrita a grandes capitales y Gijón no lo es en principio, pero también es cierto que la sensación de inseguridad es muy contagiosa y la invisibilidad de los potenciales perpetradores de tales actos hace que se extienda casi a todos los niveles de población con independencia de su lugar de residencia. El Centro Psicológico Patricia Prendes, como muchos otros gabinetes de psicólogos en Gijón ofrece tratamientos especializados en psicología infantil y, desde nuestros conocimientos y experiencia en éste área, recomendamos a los padres no muestren su preocupación abiertamente mientras sea posible y que traten de ofrecer una sensación de seguridad y calma ante preguntas o temores que pudieran plantearles los niños más pequeños.
Es un hecho que dada la profusión de informaciones resulta muy difícil aislar a los niños con uso de razón del conocimiento directo o indirecto de lo acaecido en París, y tampoco resultaría recomendable hacerlo a ultranza. No se trataría pues tanto de abstraer al niño de la realidad, como de depurar o ayudarles a procesar, la información que les llega, explicando lo sucedido de un modo comprensible para ellos, que minimice los posibles efectos negativos, evitando despertar sensaciones como el miedo o la inseguridad.
En cualquier caso, y ante cualquier síntoma de preocupación o temor excesivos por parte del menor aconsejamos consultar siempre con un profesional.